La tumba de pakal

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En la lápida que cubrió el sarcófago de K ́inich janaa’b Pakal I, gobernante de Palenque de 615 a 683 d.C., se grabó el descenso de su alma, después de muerto, al inframundo, lugar en donde renacería para ascender al cielo
En la lápida, una de las obras maestras de la escultura maya, se ve, de abajo arriba, el mascarón descarnado del llamado monstruo de la tierra, de cuyas fauces, con grandes dientes en ambos lados, renace –como el maíz, grano del que según la cosmogonía maya estaban hechos los seres humanos de esta era– K ́inich janaa’b Pakal I. El monarca ascenderá por el tronco, que desplanta de su vientre, del árbol cósmico hasta el cielo representado por el dios Itzamnaaj en dos de sus advocaciones: como ave posada en lo alto del árbol y por dos cabezas serpentinas, que se ven a ambos lados. El rey está simbolizado en el centro del universo, en el nivel terrestre, lo que significa que ha renacido, que es eterno y que no muere, como se ve en otros grabados de Palenque en donde asesora a sus nietos, quienes también gobernaron Palenque